sábado, 21 de junio de 2008

Nocilla Dream

Robert Altman globalizado y en proceso de constante deconstrucción. Toda una Babel de historias y no ficciones.

viernes, 20 de junio de 2008

XXY, y la destrucción de la lógica binaria de género

Lucía Puenzo es escritora, y eso se nota en la manera que tiene de narrar. También es oriunda del Mar de la Plata, como Ernesto Sábato o Mario Benedetti, y su predilección por la extrañeza dentro de un irrenunciable realismo la emparentan a estos dos grandes maestros de la narrativa del veinte.

La hija del gran de director de La Historia Oficial sabe contar historias también en celuloide, el soporte complementario de la narrativa en tiempos ya posmodernos. Con una historia amarga, esperanzadora, trágicamente revolucionaria, se sitúa un paso más allá de lo que maestras de lo extraño como la sureña Carson McCullers hubieran hecho de haber habitado la uruguaya región de la Plata en días como hoy. La escritora de Georgia vislumbró, hace más de sesenta años en novelas como El Corazón es un Cazador Solitario o Reflejos en un Ojo Dorado, el potencial disruptivo que tenía poner en jaque la asunciones tradicionales de género. Su campo de acción fue el viejo sur de los Estados Unidos, donde lo genéricamente extraviado se presentaba de forma grotesca aunque contestaria. Lucía Puenzo propone una historia de hermafroditismo en un punto fronterizo entre Uruguay y Argentina, alejado de los mundanales rumores.

Cuando Ramiro y Erika van a visitar a Kraken y Suli, invitados por esta última, tienen un objetivo en mente: resconducir la vida sexuada de la hija quinceañera de estos últimos, Alex, que habiendo nacido con cromosomas de mujer, también lo hizo con genitales masculinos.

La verdadera lucha por una identidad más allá de la obligatoria dualidad la vive la propia Alex con el hijo de los invitados de sus padres, Álvaro, quien apenas cuestiona extrañeza alguna en la chica como no sea por el resquemor que le produce no ser amado por ella.

Lo esperanzador de la película reside en la apuesta por la sinceridad de personajes como la propia Álex que, desde la androginia de su propio nombre, niega que haya obligatoriedad por elegir entre ser hombre o ser mujer. “¿Y si no hubiera nada que elegir?” le dice a su madre mientras tira las pastillas que habrían de perpetuarla en una feminidad artificial. Los sentimientos de los hombres que rodean y quieren a Álex por quien es y no por lo que es son también alentadores: su propio padre, quien se negó a operarla cuando nació, su mejor amigo Vando, y un Álvaro que, a pesar de ser quien más sufre y más pierde en esta batalla de confusiones, se lanza a ella sin ningún ansia de abrazar ninguna categoría estanca. Los seres humanos, así, fluyen, como la propia agua del río que inopinadamente sirve de frontera entre dos países, tal y como muestra la última secuencia.

miércoles, 18 de junio de 2008

Encuentros en los no-espacios

Hace más de año intenté reanudar una relación con un chico de Alicante llamado Javier. Así me dijo que se llamaba dos años atrás, cuando lo conocí en el Gaydar. Esa misma noche, arrebatado por un insaciable deseo de zambullirme en lo desconocido, conduje hasta la costa para verle. Pasamos una noche bebiendo poco, hablando mucho y follando nada. A las seis de la mañana me vine con una frustración bastante palpable y dormí hasta las tres de la tarde.

Cuando hace poco más de un año volví a chatear brevemente con él, lo hice porque me llamó la atención el subnick que tenía, algo así como redefiniendo el espacio. Le entré y le pregunté qué quería decir con ello, pensando yo que tendría que ver con sus estudios de arquitectura. Tras recordar quién era yo, me explicó que se estaba leyendo un estudio sobre la sobremodernidad, Los no Lugares: Espacios del anonimato, de un tal Marc Augé. Enseguida me puse a preguntarle de que iba y veinticuatro horas más tarde ya me había comprado el libro para descubrir por mí mismo qué había querido decir ese fugaz Javier (no he vuelto a saber de él) con redefinir el espacio.

Vivimos en una era virtual, donde los sentidos, para aprehender el conocimiento, deben actualizarse. Los lugares, en términos físicos, se pueden considerar como no lugares, aunque yo me resisto a creer que las relaciones que establecemos en ellos sean no relaciones. Marc Augé arguye que pasamos buena parte de nuestra existencia viendo caras anónimas en sitios de paso. Él destaca las autopistas, los aeropuertos, pero no tiene en cuenta la repercusión que para su idea central sobre la provisionalidad y el no espacio tienen los chats hoy en día.

Digo todo esto porque últimamente he estado encerrado en casa dándole los últimos toques a mi tesis y recuperándome de esta maldita depresión. No se puede decir que haya estado solo, y no solamente por la compañía que Miguel y Antonio me han prestado, sino por la que he encontrado con gente a la que a lo mejor no llego a conocer nunca cara a cara. ¿Cuánto tiempo llevo cateando de forma regular en el messenger? ¿Tres, cuatro años? En todo este tiempo me he comunicado con gente a la que no he llegado a ver en persona pero que, de forma puntual me ha podido ayudar, de la misma manera que la finlandesa Tania me ayudó cuando era yo adolescente a escribir cosas que nunca les hubiera dicho a mis mejores amigos. Tania fue mi penfriend durante casi ocho años y nunca la llegué a ver. A través del messenger he tenido actos de comunicación interesantísimos con gente a la que posiblemente no vaya a ver en mi vida, ni falta que nos hace. Quizá nuestros encuentros sean en el no espacio, pero nunca se podrán considerar no encuentros.

sábado, 10 de mayo de 2008

Donna Leon y Barbara Nadel

Estambul fue el cruce de caminos entre estas dos maestras del crimen contemporáneo, de exotismo y anbigüedad sexual ante la muerte.

martes, 6 de mayo de 2008

Estambul, remolino de culturas



Hay pocas situaciones geográficas que inciten tanto a una ciudad a ser el centro de una mezcla cultural tan interesante como la que tiene la antigua Bizancio. Su emplazamiento entre dos continentes y tres mares la han convertido en un crisol de culturas de fluido movimiento, pero a la vez mansas como las aguas del Bósforo que baña los límites interiores de esta urbe.

Tradición y modernidad son dos conceptos que ves desfilar día a día mientras vas caminando por Sultanahmet, o por las empinadas calles de Beyoglu hasta llegar a la europea Istiklal Cadessi, que bien podría ser la Calle Fuencarral u Oxford Street, pero peatonalizada.

Las mezquitas y sus minaretes conviven con uno de los tranvías más modernos y eficientes que he visto últimamente. Los pañuelos en la cabeza de algunas mujeres se han convertido en un complemento a combinar con los zapatos o el cinturón. Lejos quedan esos hiyabs marrones o negros de las tristes mujeres de Marraketch. Queda la duda de cómo será en el resto de Turquía, sobre todo en la Anatolia profunda. Durante el tour en el Bósforo, Miguel y yo nos dimos cuenta que Estambul es para los turcos como Nueva York para los americanos: la meca del turismo doméstico; la ciudad que deben visitar incluso antes de plantearse salir al extranjero. A tenor de lo que allí vimos (ancianas con el hiyab echando fotos con un móvil Ericsson, adolescentes que bien podían ser de cualquier pueblo de España por sus comportamientos) pudimos comprobar que la secularización y la apertura al capitalismo hacen de Turquía un país llamativo al socaire de los países musulmanes de su alrededor.

El legado cultural no sólo se reduce a las famosísimas mezquitas, palacios bizantinos o antiguas catedrales cristianas. Los hammanes son sitios que es imprescindible visitar. La lástima es que el masivo turismo les ha quitado la esencia homosocial que una vez tuvieron. Hoy en día, son lugares donde unos bestias otomanos te dan un masaje que parece un ritual de despedida de este mundo, a la vez que ponen una especial insistencia en que no se te caiga la toalla en un recinto que, hace cien años, veía a decenas de anatolios desfilar como vinieron al mundo en medio de sus abluciones sagradas.

Para ser una ciudad tan turística, es un gran mérito que los estambulitas sigan teniendo ese carácter tan hospitalario que hace que tu estancia sea más agradable todavía mientras charlas con ellos en un inglés que han aprendido a salto de mata.